martes, 18 de abril de 2017

VIVIR la Pascua en Ceuta.

La pasada semana tuvimos la gran suerte de abrir las puertas de nuestra casa ELIN a un gran grupo de voluntarios y voluntarias venidos de diferentes partes del mundo. 

Compartir estos días tan importantes ha marcado un antes y un después para muchas personas. Aquí habéis dejado una gran huella y toda vuestra energía positiva impregnada en nuestras paredes, para darnos más fuerza y seguir el camino. 

      

La felicidad cuando es compartida, es más grande, por ello queremos compartir la experiencia de estos días vividos con los que, desde la distancia, también estáis con nosotras:

Miércoles Santo

Llegamos a Ceuta y el grupo de africanos con el que vamos a compartir estos días nos recibe. Camerún, El Congo, Mali.

Compartimos la cena y con ella comenzamos a compartir la vida. Conocemos la casa, nos empezamos a conocer entre nosotros y nos cuentan que esta casa ha acogido ilusiones previas al sueño de la península...

Ya ponemos cara a la emigración con algunos rostros.

¡Comenzamos!

La casa nos recibe, tímida en medio de la ciudad, al igual que a nuestros hermanos, como oasis en mitad de la incertidumbre. Elín.

La hermana Paula nos pone en situación y, a través de una dinámica, aprendemos los nombres de los que viviremos la Pascua. Con ella, compartimos nuestras reflexiones sobre la emigración.

Somos un grupo variado, universitarios en medio de sus estudios, matrimonios, personas comprometidas con emigrantes, todos con fuerzas y sueños de justicia.

Alegría en el ambiente y ganas de compartir. También, una llamada al silencio.

                 

Jueves Santo

Día del Amor fraterno.

Salimos al CETI de Ceuta a invitar a nuestros hermanos de África a una fiesta por la tarde. Unos 900 chicos viven allí con la esperanza de alcanzar la península.

                

                     

                     


Precedió la tarde la Eucaristía, que nos alertó de que en el ambiente de los sencillos vivimos el amor en su ser auténtico. También pudimos escuchar su música, la de los chicos que acompañaron esta fiesta del amor. Nos lavamos las manos unos a otros en un gesto de ofrecimiento y nos dijimos Sí al Amor sincero.

                  

                  

Compartimos la tarde juntos y entre baile y baile seguíamos compartiendo la vida... Porque solo compartiendo somos auténticamente nosotros y dejamos nuestro velo paternalista...

                   

                  

                  

Por la noche fuimos a la valla, el intencionado alambre de rencores e intereses que intenta acortar el sueño de una VIDA DIGNA.

Silencio mientras y Esperanza. Y ganas de seguir luchando.

   

Viernes Santo

Cruz.

                   

En torno a ella, traemos a nuestra oración y recuerdo a todos los migrantes y refugiados y a todos los que sufren en el mundo. Traemos a nuestro encuentro a todos los que están en situación de injusticia, al igual que el Maestro de Nazaret.

Recorremos distintas partes de Ceuta: la playa, el CETI y el Tarajal. Aquí nos detuvimos especialmente, pisamos la misma arena que nuestros hermanos emigrantes y recordamos, una vez más, a los hombres que murieron asesinados en estas aguas el 6 de febrero de 2014. Nos acompañaba un grupo de Camerún que recordaba perfectamente la fecha y la muerte de estos muchachos.

La hermana Paula nos decía que fue ella una de las personas que fue a reconocer los cuerpos sin vida de estos muchos una semana después...

Dolor y silencio. Humanidad de Cristo.

                  

                 


La tarde de este viernes fue sencilla. Jugamos al fútbol, charlamos horas y horas y una parte del grupo vio la película 14 kilómetros.
Fue un momento para, simplemente, estar.

          

En este sentido, hemos descubierto la forma de acercarnos a ellos y es la de la presencia sencilla y cercana, la del tú a tú.

                  

Sábado Santo

Espera, desconcierto, soledad.

Cruzamos la frontera hasta Marruecos y estuvimos en el bosque donde se esconden nuestros hermanos meses e incluso años hasta que pueden pasar al otro lado, a Ceuta.

El azote del viento, las grandes distancias, las montañas cómplices y miles de policías. Un ambiente de frontera. Me resulta imposible creer que esté pisando el suelo que tantos han bendecido al grito de "busa".

La misma tierra que ha tragado muertes de sueños abortados.

Desierto y silencio en el bosque, la humanidad ha muerto. Cómo azota el viento allí.

Contemplamos la hondonada en las montañas que supone el bosque. El hoyo de la desprotección, la herida de la huida. Algunos chicos de

Camerún nos contaban que en ese escondite se sintieron frágiles, sobrepasados por el frío, burlados por los propios perros que avisaban a la policía de que estaban allí refugiados, abandonados. Dios calla en la barrera de la muerte.

Compartimos por grupos, los mismos con los que hemos recorrido este paso a Marruecos, qué momentos de silencio de Dios hemos tenido en nuestras vidas, cuándo creemos que no está Dios presente, cuándo nos

priva de su Esperanza… También traemos a este compartir cuándo hemos reconocido a Dios, cuándo hemos sentido su mano compañera. Por último, se nos proponía entrenarnos en esto de la entrega y la lucha por la justicia, y empezábamos a pensar qué compromisos protagonizaríamos una vez en la península, cómo íbamos a acompasar nuestros pasos a partir de ahora tras la experiencia de la emigración.

                    

                    

Más tarde, ya llegando la noche, y con una gran hoguera en el barranco enfrente de la casa de Elín, giro radical en este día de espera y contemplación.

Regresamos del bosque y vivimos todos, todos juntos, la promesa del Dios a su comunidad, la promesa de la resurrección...Iluminados por las pequeñas velas que encendimos del fuego entramos en la casa y nos admiramos ante la valla que se colocó en medio del salón. El pregón pascual apareció en medio de la noche y al grito de “Ouvrez les frontières” derribamos la valla de la vergüenza entre todos y pasamos al otro lado del salón, en un gesto de atravesar al otro lado, el lado de la luz.

                   

En un intercambio compartimos lo que habíamos vivido estos días y lo que había supuesto para nosotros el encuentro con el hermano migrante. Ellos hablaron sin duda, algunos en francés y algunos en español, y nos transmitieron que de nosotros habían recibido tolerancia y disposición, actitudes alejadas del racismo que viven en Ceuta a menudo. Nosotros les agradecimos su valentía y sus apuestas por la igualdad y, sobre todo, que en apenas tres días, hubieran compartido con nosotros sus pasos hacia la libertad, con todas las heridas y frustraciones que también conllevaba.

Intercambio de Esperanza, intercambio de alientos.


¡R E S U C I T Ó!

               


Con el pecho encogido y la Esperanza rebosante. Buscando la tensión necesaria para que no nos anestesie el mundo, no nos desborde la tristeza y peleemos cada día en nuestras fronteras.

Domingo de Resurrección

Vuelta a casa, compra de velas hechas por los hermanos de África, travesía en ferry, autobuses hasta Pamplona incluso. Cada uno emprende su camino a casa y seguimos compartiendo, entre nosotros, todo lo que la Pascua en Ceuta ha dejado en nosotros.

                    

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